Un cuchillo desafilado es más peligroso: resbala, aplasta el tomate y termina en tu dedo. No necesitas un kit japonés de $80 mil; necesitas hábito y diez minutos al mes.

Chaira (acero): no afila de verdad; realinea el filo que se dobla con el uso. Haz 4–5 pasadas por lado antes de picar cebolla, con un ángulo de ≈15–20°. Truco para el ángulo: 90° es el cuchillo vertical; la mitad son 45°; la mitad de eso, unos 22°. Baja un poquito más y estás ahí.
Piedra de agua (1000/3000): cuando la chaira ya no alcanza. Remoja la piedra 10 minutos (si es de las que se remojan), apóyala sobre un paño húmedo para que no se mueva y mantén el ángulo constante. Pasa el filo de talón a punta, como si cortaras una lámina fina de la piedra, hasta sentir una pequeña rebaba en el lado contrario. Luego repite por el otro lado, termina con el grano fino, enjuaga y seca.
Afiladores de ranura: sirven para salir del paso, pero comen más metal del necesario. Úsalos con suavidad y pocas pasadas.
Qué no hacer: lavavajillas (casi siempre), tabla de vidrio, usar el cuchillo de chef como abrelatas o como destornillador para el enchufe suelto.
La prueba del papel
Sostén una hoja de diario y corta de arriba hacia abajo. Si corta limpio, vas bien. Si rasga o se atasca en algún punto, ese tramo del filo necesita más trabajo.
Tabla
Madera o plástico con ranura. Vidrio y mármol matan el filo. En depto chico una tabla mediana + una chica alcanza. Pon un paño húmedo debajo para que no se deslice: es la diferencia entre picar y hacer patinaje artístico.
Guardarlo
Nada de cuchillos sueltos en el cajón chocando con el abrelatas. Usa un taco, una barra magnética o un protector de plástico. Lávalo a mano, sécalo altiro y no lo dejes remojando en el lavaplatos: además de oxidarse, es una trampa para quien meta la mano.
Fuentes: práctica estándar de afilado doméstico; geometría de filo documentada en guías de cuchillería. Seguridad: corta siempre alejando el filo del cuerpo.